En la cocina de un pequeño restaurante, entre el chisporroteo del aceite y el aroma de especias, nació Fofi, una hamburguesa de pollo crujiente. Su pan dorado y esponjoso la abrazaba con calidez, la lechuga fresca le hacía cosquillas y el queso derretido se aferraba a ella como un abrazo. Todo parecía normal hasta que, de repente, sintió algo extraño: podía pensar, podía moverse… ¡estaba viva! Miró a su alrededor y vio otras hamburguesas alineadas en sus bandejas, pero ninguna se movía ni hablaba.
—¿Hola? —susurró, esperando respuesta. Nada. Solo el sonido de las freidoras y la voz del cocinero tarareando. Un escalofrío recorrió su dorada cobertura de empanizado. ¿Por qué ella era diferente? ¿Por qué tenía conciencia mientras las demás esperaban, inmóviles, su destino? Con miedo y emoción a la vez, Fofi supo que tenía que descubrir el propósito de su existencia antes de que alguien la mordiera.